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  • Olman Vargas Benavides

Aprendizajes sobre educación en línea tras la escuela desde el hogar durante el COVID-19 (parte 2)

Como comentaba en la primera parte de este tema, considero que la experiencia forzada de hacer escuela desde el hogar durante la pandemia del COVID-19 nos deja valiosas lecciones en cuanto al e-learning en general. No sólo eso, además como sociedad podemos aprovechar este tiempo de crisis, que es muy difícil tanto a nivel colectivo como individual en nuestro día a día, para que salgan fortalecidos algunos elementos y prácticas del aprendizaje en línea con el que nos estamos familiarizando cada día más.


Continúo entonces con tres aprendizajes más que he anotado mientras en mi familia nos adaptamos a las clases y plataformas virtuales para continuar con la escuela de nuestra hija de segundo grado y el kínder de nuestra hija menor.


Estrategia al programar actividades sincrónicas y asincrónicas.

A grades rasgos en una iniciativa de educación en línea podemos contar con actividades sincrónicas, en las que todos los participantes deben conectarse a una misma hora para interactuar (videollamadas, grupos de chat, webinars y otros). O actividades asincrónicas, en las que cada participante puede ingresar a distintas horas en su propio tiempo según su agenda personal dentro de unos plazos establecidos (foros, envío de tareas, reproducción de videos, lecturas, cuestionarios, etc). Por características propias de cada iniciativa se podrían contar únicamente con un tipo de actividades. Los cursos masivos (MOOCS) con participantes de distintas zonas horarias se beneficiarán evidentemente de las actividades asincrónicas, podrían incluso limitar sus actividades a esta naturaleza. Mientras un taller de una semana podría constar únicamente de actividades sincrónicas como una serie de webinars. Sin embargo, en un proceso de aprendizaje más integral, con planes curriculares de meses o años probablemente se vaya a dar una mezcla de actividades y lo mejor será planear cómo y en qué momento se utilizan cada una de ellas.


En el inicio de la cuarentena, ya que nuestra casa es nuestra oficina también, implementamos un horario donde le dedicábamos la mañana de lleno al trabajo y en la tarde teníamos más chance de guiar las tareas y materia escolar de las chicas. Pero en una segunda etapa de clases virtuales en el kínder de mi hija menor programaron clases en vivo por videollamada a las 8 de la mañana. Y en la otra escuela programaron sesiones de consulta a las 9am dos o tres días a la semana, por lo que ya a esa hora se debían tener avanzadas las actividades del día. Fue una buena estrategia de la escuela porque al programar actividades sincrónicas promueven que las actividades asincrónicas se hagan también durante la mañana sin perder la flexibilidad de poder hacerlas después cuando la dinámica familiar lo requiera. En nuestro caso, aunque tuvimos que ajustarnos y dedicarle ahora la tarde de lleno al trabajo y en la mañana tener más flexibilidad para las clases, el obligarnos a iniciar el día un poco antes también ayudó para aprovecharlo más.


Este es un elemento estratégico que de tomare en cuenta puede incidir en el éxito y la cantidad de estudiantes que logren concluir el curso en una iniciativa virtual para adultos. Como ya lo he mencionado antes ayuda mucho que los estudiantes vayan lo más juntos posibles en cuanto a tiempos de entrega y revisión de materiales. Siendo indispensable también mantener flexibilidad suficiente para no sofocar a quienes por motivo de horarios no pueden depender de actividades sincrónicas. Entonces es de gran utilidad programar las evaluaciones y contenidos indispensables con actividades asincrónicas y utilizar las sincrónicas como una actividad complementaria pero de atractivo suficiente y en un horario que promueva la pronta realización de las asincrónicas.


Leer el ambiente (Recreo Web).

Al igual que en las clases presenciales algunas veces el grupo de estudiantes se comporta de una manera que no es necesariamente la que se esperaba para hacer alguna actividad o conocer un contenido. Las personas dedicadas a la educación con más experiencia fácilmente logran leer ese ambiente y adaptar la dinámica para cumplir los objetivos de aprendizaje aprovechando la situación que muchas veces tiene que ver con cuestiones de socialización.


A estas alturas cuando las chicas se conectan a sus clases o sesiones de consultas por videollamada se quedan principalmente solas así que no se qué tanto componente social tendrá las sesiones. Pero las primeras veces, principalmente las de consulta, sí presencié cómo las videollamadas se convertían principalmente en un “recreo web” en el que los chicos y chicas aprovecharon para saludarse, contar lo que habían hecho en esos días, mostrar algunos de sus juguetes y en unos casos hasta sus mascotas. La maestra supo entender que ese espacio meramente social era indispensable para ellas, lo es siempre y lo es especialmente en tiempos de cuarentena. Al final de cuentas terminó ayudando para asimilar que esos espacios son una extensión de la escuela y continuación del aprendizaje que venían ejerciendo.


De igual manera en un curso virtual para adultos hay que saber leer el ambiente para así dar el espacio o tiempo necesario de acuerdo a la actitud, inquietud o reacción de los estudiantes. Es frecuente que haya por ejemplo un grupo que viene avanzando, pero un poco atrasados, sería óptimo comunicarse con esas personas y ver si hay algo que se pueda hacer para que no pierdan el avance que ya tienen y por el contrario potenciarlo.


Fechas de entrega.

Un aspecto clave que está relacionado con los dos últimos puntos es el cronograma del curso. Como todo, debe estar claro desde un inicio, y no sólo en cuanto a fechas de entrega y de disposición de los materiales si no que también los procedimientos. Por ejemplo, la mayoría de las plataformas educativas tienen un apartado de calificaciones, algunos rubros pueden autoevaluarse, otros no, y es común que algunos estudiantes vean el apartado antes de que estén subidos todos los rubros y empiecen a reclamar que aún no están sus notas. Hay que adelantarse a eso e indicar a partir de qué fecha podrán revisar sus calificaciones o bien indicar que se les enviará un mensaje cuando puedan revisar sus calificaciones con todos los rubros listos.


El caso de la escuela desde casa a causa de la pandemia del COVID-19 es particular porque el proceso de aprendizaje a distancia se dio de manera emergente, entonces estos protocolos y avisos no se dieron, mas bien se fueron adaptando conforme avanzaba el tiempo y llegábamos a final del trimestre. Esto no evitó que madres y padres de familia entraran en estado de ansiedad y reclamo al ver que aparecían notas “incompletas” en la sección de calificaciones. Tras los reclamos las maestras cada una por su lado tuvo que aclarar que aún no se habían calificado todos los rubros. Aunque fuera algo a destiempo hizo falta un correo institucional indicando la fecha en la que debían estar disponibles las calificaciones o bien indicar que cada maestra enviaría un mensaje cuando estén sus calificaciones listas para revisión, como eventualmente se hizo.


Finalmente, en cuanto al apartado de fechas de entrega es importante establecer plazos realistas de acuerdo a las características del público al que se dirigen. En el caso de la escuela de mis hijas, era claro que cada tarea debía tener al menos 5 días hábiles de plazo para ser entregada ya que no sólo se debe tomar en cuenta el tiempo de las niñas y niños sino la disponibilidad de la familia como un todo incluyendo el trabajo de los padres y las particularidades de la cuarentena. Además, es bueno desde el inicio del curso manejar a lo interno un “plan b” de fechas de entrega para aquellos casos que se atrasen un poco, pero se vea su potencial para terminar el curso si se aplica alguna flexibilidad en las fechas de entrega.


Hasta aquí los consejos de esta segunda parte, en la siguiente compartiré algunos consejos quizás de índole más personal ya que irán en el otro sentido, desde el rol de estudiante o padre de familia.

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