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  • Olman Vargas Benavides

Aprendizajes sobre educación en línea tras hacer escuela desde el hogar en el Covid-19 (parte 1).

Durante más de 10 años trabajé como especialista multimedia en un departamento de educación a distancia, no trabajaba directamente sobre los aspectos de diseño instruccional pero sí adaptando los programas educativos a los medios tecnológicos necesarios. Así que cuando llegó la cuarentena por el COVID-19 me llamó la atención cómo los obstáculos y soluciones tecnológicas con los que o había trabajado por mucho tiempo se volvieron algo con lo que todo el mundo tenía que ver. En especial para quienes somos padres y madres de familia, ya que las escuelas se vieron obligadas a hacer un giro hacia la educación a distancia. Tengo dos hijas, una en kínder y otra en segundo grado y me han llamado la atención las valiosas lecciones sobre el uso de la tecnología que se pueden aprender gracias a este proceso en que nos vimos envueltos como familia y sociedad, así que decidí empezar mi blog con este tema. A continuación, el primer grupo de breves apuntes sobre los aprendizajes y refuerzo de mejores prácticas que me llevo tras esta experiencia.


Un rostro humano.

Uno de los factores que marca una mayor diferencia en cómo percibimos los materiales educativos es ver el rostro humano de la persona especialista en el tema. Un curso en línea requiere de una mediación clara y cercana a su audiencia tanto en las indicaciones como al explicar el contenido y relacionarlo entre sí. Es en este aspecto de mediación que se obtiene un gran beneficio al darle un rostro humano, una personalidad, incluso aunque no se vea una foto o video de los tutores o especialistas se deberá mediante el texto imprimir esta cercanía y claridad pero personalmente recomiendo la presencia de videos dirigidos directamente al estudiante, aunque sea al inicio del curso o de cada módulo.


En el caso de las clases de mis hijas desde el hogar por la pandemia del COVID-19 logré ver en ellas un gran cambio entre la primera o primeras dos semanas en las que aún no había videos de las maestras o videoconferencias y las siguientes cuando se incrementó la presencia de este recurso en las clases virtuales. Las escuelas de mis hijas enviaron a clases una semana antes de así solicitarlo el Ministerio de Educación Pública, pensando que sería una medida de no más de 15 días, así que las instrucciones iniciales eran más generales enviadas por un mensaje de texto de la plataforma virtual y los recursos eran principalmente prácticas a imprimir. Las chicas hacían las prácticas, veían los videos de YouTube que se enviaran o hacían algunas páginas del libro pero más que en clases se sentían haciendo tareas y el vínculo o mediación con las maestras se perdía. Una vez que se hizo claro que la cuarentena iba a ser cosa larga las maestras empezaron cada una en su estilo a dedicarle más presencia a la mediación y a hacerla por medio de un video, presentación con audio o sesión zoom. El tener a sus maestras presentes aunque fuera mediante una grabación de video marcó un evidente cambio en cómo las chicas veían el tiempo de escuela desde casa. Ahora sí eran clases, no prácticas que su mamá o papá les dábamos a hacer, entre otras cosas las instrucciones pasaron as ser directamente dadas y explicadas por sus maestras.


Considero que el aporte de un rostro humano con autoridad en el tema explicando o guiando el aprendizaje en una experiencia virtual para adultos no es menor que en el caso de las niñas. Hay gran flexibilidad en el abordaje de la mediación de un curso en línea pero tener en cuenta esa cercanía y presencia humana enriquecerá el proceso de aprendizaje, ya sea mediante charlas, testimonios o introducciones a los temas y subtemas grabadas en video y dirigidas a una población específica.


Sólo un canal de comunicaciones.

Durante el proceso de cambio presencial a virtual que se dio sorpresivamente en la escuela de mi hija de segundo grado la mayor queja de las madres y padres de familia era que enviaban demasiados mensajes y costaba mucho mantenerse al tanto de todo. Peor aún, muchas veces cuando uno sacaba el rato para leer los mensajes acumulados en las distintas secciones de la plataforma descubría que se repetían. Algunas maestras con buenas intenciones enviaban el mismo mensaje por el correo, en la sección de archivos de la plataforma y en la sección para subir tareas. Sin embargo esto generaba una sensación de saturación en las personas que los recibían, así que generaba más ruido de lo que ayudaba al aprendizaje. Además, una vez que ya se estaba al tanto de eso costaba saber cuál maestra pedía que se enviara la tarea por mensajes, cuál que se subiera en la sección de tareas o alguna otra sección de la plataforma.


Ante este contratiempo (que en realidad es pequeño pero genera mucho ruido) me sentí identificado porque las primeras veces que fui asistente académico o tutor en algún curso en línea para profesionales me pasó algo similar. Pensaba que cada quién iba a tener su manera propia de navegar el curso y que la información debía estar presente por distintos canales y secciones y así ofrecer una experiencia más orgánica. Sin embargo no era así, algunos lo entendían, otros no se enteraban de las secciones que replicaban información (y se perdían de algo que había surgido orgánicamente ahí, por ejemplo en un foro)pero principalmente muchos se confundían. Luego vi a otros tutores estar a punto también de cometer el mismo error pero en nuestro departamento ya contábamos con un protocolo que los encaminaba a tener un solo canal de comunicaciones y un solo mecanismo para ver el contenido, igual para realizar las evaluaciones y revisar la calificación.


Este canal de comunicación y otros aspectos para el contenido deben quedar claros desde un inicio y probablemente deban recordarse más de una vez. Esto bien podría ser lo más importante ya que si no se comunica el protocolo es como que no exista. Éste debe mencionar secciones y funcionamiento de la plataforma, canales de comunicación, disponibilidad de contenidos, método de evaluación, tipos de actividades y plazos para todo lo mencionado. Soy partidario de pensar que aún en un curso autogestionado en la medida que el grupo avance lo más unificado posible mayor cantidad de estudiantes alcanzarán el objetivo de aprendizaje planteado.


Hay un detalle más en este aspecto y es que a lo interno el curso también debe manejar un protocolo distinto para comunicarse con quienes se han quedado rezagados.


Levantarse de la computadora y hacer algo.

Enviar archivos y formularios en línea para la evaluación de los estudiantes es muy cómodo, en momentos es indispensable pero una buena experiencia de aprendizaje en línea no debería quedarse ahí. Algunas de sus actividades debería hacer que las personas recibiendo el curso se vean en la necesidad de levantarse de la computadora y hacer algo que fortalezca los conceptos o genere nuevos conocimientos. Y así fomentar otras maneras de aprendizaje que no se pueden alcanzar mediante una pantalla de dispositivo.


Durante las primeras dos semanas en las que se pensaba que la cuarentena no duraría mucho, las prácticas de la escuela eran bastante similares entre sí en cuanto a se enviaba un documento Word que se imprimía, resolvía, escaneaba y enviaba. Poco a poco más maestras. Cambiaron esos documentos por formularios en línea cuando las preguntas lo permitían. Sin embargo luego de esa etapa inicial se volvió una necesidad para las maestras abordar temas nuevos y evaluar conocimientos para cubrir el plan de trabajo ya que el trimestre llegaba a su fin y la escuela les exigía cumplir con lo planeado para el año escolar. Así que fueron aumentando las actividades que exigían levantarse de la computadora, buscar y hacer. Por ejemplo carteles y exposiciones grabadas en video, sembrar frijoles y monitorear su crecimiento, hacer un cuento u obra de títeres y otras similares. Para uno como padre de familia esto requería dedicar más tiempo de acompañamiento al hacer las actividades pero sin duda valía la pena ver el avance en el dominio del tema y la energía que le imprimía a las chicas este tipo de actividades.


Una vez más, aunque las niñas y niños aprenden distinto que los adultos este es un tema a considerarse también ya que para cualquier persona será distinto aprender viendo que aprender haciendo. Así que mucho puede ganar un curso en línea que requiere que sus participantes dediquen tiempo al mismo lejos de su computadora, construyendo, investigando, experimentando o comprobando.


Por el momento estos son los tres puntos a exponer y en siguientes entregas habrá más sobre los aprendizajes en esta experiencia del COVID-19 tanto desde el punto de vista de la gestión del curso como desde el rol de estudiante.

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